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El declive de la prensa local en España: qué se pierde cuando cierra un periódico

No es solo una cabecera que desaparece. Cuando un medio local cierra, deja de contarse lo que hace su ayuntamiento, y eso tiene consecuencias medibles.

Equipo Snurkel · · 3 min de lectura

Montón de periódicos antiguos apilados
Foto: Unsplash

Durante décadas, cada comarca tenía su periódico. No era un gran medio: cuatro o cinco personas en una redacción pequeña que iban a los plenos, cubrían las fiestas, contaban los accidentes y llamaban al alcalde cuando algo no cuadraba.

Muchos de esos periódicos ya no existen. Y su desaparición ha dejado un agujero mayor de lo que parecía.

Qué pasó exactamente

El proceso lleva dos décadas y ha sido bastante silencioso, porque no ocurrió de golpe. Primero se recortaron plantillas, luego se fusionaron redacciones, después se cerraron delegaciones comarcales y finalmente desaparecieron cabeceras enteras.

El patrón se repite: donde había una redacción con siete personas cubriendo una comarca, hoy hay una persona cubriendo tres comarcas desde la capital de provincia. Formalmente el medio sigue existiendo. En la práctica, ya no puede estar donde estaba.

Los dos golpes que nadie vio venir

Los anuncios clasificados

Esta es la parte que se suele olvidar. Durante años, buena parte del sostén económico de un periódico local no era la publicidad de marca: eran los clasificados. Pisos, coches de segunda mano, ofertas de empleo, esquelas. Páginas y páginas de texto pequeño que financiaban la redacción.

Internet se los llevó enteros, y no volvieron.

El desplome del precio de la publicidad

Cuando la publicidad pasó al digital, el precio por lector cayó en picado. Un anuncio en la contraportada del periódico comarcal costaba una cantidad razonable porque llegaba a un público concreto y no había alternativa. El mismo lector, en digital, vale una fracción minúscula.

Ninguna redacción pequeña sobrevive a las dos cosas a la vez.

Qué se pierde de verdad

Lo intuitivo es pensar que se pierden noticias. Lo que se pierde es algo más incómodo: se pierde a quien mira.

  • Nadie va a los plenos. Las decisiones se siguen tomando, pero ya no hay quien las cuente.
  • Nadie revisa los presupuestos ni los contratos. No porque haya nada que ocultar, sino porque saber que alguien mira cambia el comportamiento de cualquier institución.
  • Nadie hace de intermediario. El ayuntamiento publica en su web, pero publicar no es lo mismo que contar: falta quien lo traduzca y lo ponga en contexto.
  • Se pierde la memoria de la zona. Un archivo de hemeroteca local es lo que permite entender por qué las cosas están como están.

Varios estudios internacionales han medido las consecuencias en municipios que se quedaron sin medio propio: menos gente presentándose a las elecciones locales, menos participación y, en algunos casos, un aumento del coste de financiación del ayuntamiento, porque los mercados perciben menos control.

Quién cubre ese hueco ahora

El vacío no se ha quedado vacío. Lo han ocupado, con resultados desiguales:

  • La comunicación del propio ayuntamiento, que es útil pero no es periodismo: nadie se fiscaliza a sí mismo.
  • Los grupos vecinales de mensajería, rápidos pero sin verificación, y el terreno donde mejor crecen los bulos.
  • Medios digitales pequeños, a menudo de una o dos personas, que hacen un trabajo notable pero con un alcance limitado.
  • Los propios vecinos, que cuentan lo que ven aunque no lo llamen periodismo.

Donde no llega ninguno de los cuatro, aparece lo que se conoce como desierto informativo: una zona sin nadie que la cuente.

Qué se puede hacer

No hay una solución que devuelva las redacciones de los años noventa, y conviene no venderla. Lo que sí funciona es aprovechar mejor lo que ya se produce:

  1. Que las fuentes oficiales publiquen en abierto y en formatos que se puedan distribuir, no solo en un PDF colgado en una web.
  2. Que los medios locales que quedan lleguen más lejos, sin depender del algoritmo de una red social.
  3. Que lo publicado se pueda encontrar por cercanía, que es como la gente busca lo que le afecta.

Esa tercera idea es la que hay detrás de Snurkel. No sustituye al periodismo local —nada lo hace—, pero sí hace que lo que se publica llegue a quien le sirve. Si tienes un medio, puedes darlo de alta gratis; si gestionas la comunicación de un ayuntamiento, aquí explicamos cómo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué han cerrado tantos periódicos locales?

Por el desplome de sus dos fuentes de ingresos: los anuncios clasificados, que se fueron a internet, y la publicidad display, que hoy paga una fracción de lo que pagaba. A eso se suma la caída de la venta en papel.

¿Qué pasa cuando cierra el medio local de una zona?

Deja de haber quien vaya a los plenos, revise los presupuestos o pregunte por un contrato. Varios estudios internacionales asocian esa desaparición con menos participación electoral y más coste de la deuda municipal.

¿Qué es un desierto informativo?

Una zona donde no queda ningún medio que la cubra con regularidad. En España afecta sobre todo a municipios pequeños y comarcas rurales.

Equipo Snurkel

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